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No te exijas demasiado, pero tampoco te rindas tan fácil



Muchas personas de mi generación y las generaciones de antes crecimos creyendo que nuestro valor dependía de lo mucho que podíamos producir o generar. Nos quisieron enseñar que tendríamos grandes recompensas en medida de lo mucho que nos esforzáramos. 

Una vez más, culparé al sistema industrializado de esto, pues claro que es rentable para muchas empresas y sistemas mantenernos produciendo a nuestras máximas capacidades. Incluso a costo de nuestra salud y nuestra estabilidad mental. Sin embargo, últimamente mucho se habla sobre la importancia del descanso y la prioridad del cuidado mental. 

Yo he llegado a los dos extremos: exigirme hasta caer en un burnout que no me permitía ni levantarme de la cama o relajarme tanto que todas mis tareas quedan incompletas. Son bastantes años los que he atravesado intentando encontrar el punto medio. La verdad es que no es fácil. Pero en este proceso he desarrollado una brújula para identificar cuándo debo parar y cuando puedo dar un extra de mí: 

La pirámide de Maslow sugiere que las necesidades humanas se organizan en una jerarquía. Según esta teoría, las personas deben satisfacer primero las necesidades más básicas antes de poder abordar las necesidades más elevadas. Si bien Maslow sugiere 4 niveles antes de llegar a las necesidades de autorrealización, sé que no siempre es posible para todos los contextos. Por eso yo tomo esta teoría como base y sugiero que al menos las necesidades fisiológicas del primer nivel deben ser cubiertas para poder continuar. Es decir, si el esfuerzo que estoy haciendo me está privando de alimentarme bien, tener un buen sueño, realizar algunas actividades de movimiento y pasar tiempo con algún ser querido, el esfuerzo está siendo demasiado. 




 

Por el contrario, una forma de identificar que me estoy relajando demasiado es que todas las necesidades básicas han sido cubiertas, y aun así no alcanzo los niveles de autorrealización, constantemente fallo a las metas que yo misma me propongo y pierdo mis hábitos, es momento de esforzarme un poco más. 

Poniéndolo en un ejemplo práctico: Si yo tengo como meta correr del domingo 10 kilómetros, pero en la semana no he comido lo suficientemente bien, he dormido solo 5 horas diarias, no he podido pasar tiempo con mis seres queridos, es momento de desacelerar un poco y no exigirme más allá de lo que mi cuerpo puede dar. Por el contrario, si durante toda la semana dormí perfectamente bien, cumplí mis requerimientos de alimentación, tuve una semana con descansos, pero el sábado suena mi alarma y no me quiero levantar, toca ajustar la disciplina y exigir ese extra que sí puedo dar. 

En resumen: para encontrar el punto medio entre la exigencia y la relajación considero que es primordial hacer un examen de conciencia y revisar como estamos en cada uno de los pisos que propone Maslow. Si en la mayoría podemos poner una palomita, es momento de esforzarnos y destacar. Si por el contrario, encontramos que hay deficiencias desde el primer nivel, es momento de relajarnos con los objetivos y centrarnos en satisfacer las necesidades básicas antes de exigirnos.

Autorregular nuestra energía es un proceso muy complicado, sobre todo porque nunca nos han enseñado a ello, pero no es imposible. El secreto es entender que el cansancio no es excusa para detenerse, pero la necesidad de recuperarse sí.

 


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